sábado, 23 de julio de 2016

La Real Academia de la Calle


Hace un par de semanas escuchaba en una radio emisora local un debate que llamó un tanto mi atención. En ella se debatía sobre las academias de fútbol y sus fines y la comparación con el fútbol de la calle, el de barrio, el que se solía jugar.


Y sí, lo que se decía en aquel programa es cierto. En este país, donde el fútbol tiene tal importancia desde tiempos remotos, la pregunta surge. ¿Hubiésemos tenido a nuestros jugadores de la época dorada ellos estando en una academia de fútbol?, ¿Hubieran existido los Cueto, Cubillas, Malásquez, Perico, Sotil, Chale, Mifflin, etc.? Yo creo que la pregunta es dependiente de cómo uno ve el fútbol y, desde mi punto de vista, creo que no hubiésemos tenido los jugadores que tuvimos si hubiesen estado en una academia de fútbol. Y por qué esto se pregunta usted joven emprendedor, pues porque las academias, como hoy en día se manejan, enseñan poco y no dejan una libre expresión además de utilizar nombre de jugadores retirados para jalar la atención de la gente.


Yo he asistido a una academia y sinceramente no es igual que jugar en un parque o en la calle. En la calle existe la ley del más pendejo. Si bien yo no nací en aquella época dorada del fútbol peruano por allá en la década de los 70, sé muy bien que el fútbol era visto por todos lados. Se creaban equipos de barrio, las interdistritales eran buenas, competitivas, al igual que las interescolares. Uno puede averiguar sobre Franco Navarro, Teófilo Cubillas, Hugo Sotil, entre otros, y se dará cuenta que todos ellos jugaban en un equipo de su barrio, en el colegio y gracias al talento innato que tenían y un poco de guía de entrenamiento, ya hacían trizas a sus rivales. En mi experiencia, participé en la academia de Jaime Duarte en el AELU y sí, me enseñaron algunas cosas pero no era igual que jugar en la calle. Creo que nací en la última parte de esa generación infantil que aún jugaba en la calle a la pelota o con sus muñecos sin tener un aparato electrónico en las manos. Pero, ¿Qué es la ley del más pendejo?. Pues es eso que se aprende en la calle. Lo dijo César Cueto en una entrevista: "En la calle, el parque, juegas no sólo contra el rival que sabe que juegas bien y te quiere bajar, juegas contra árboles, arbustos, perros, montes de tierra, autos que vienen y siempre debes buscar sortear de forma efectiva los obstáculos".


Y sí, eso es cierto. La quimba, la chicha, eso que le encanta al futbolista peruano hasta el día de hoy, fue nuestra distinción, nuestra marca registrada. En las academias, lo digo porque lo he vivido, no te dejan hacer la huacha, el taco o utilizar algún recurso el cual es permitido en el fútbol. En ningún momento alguien te sacará tarjeta por realizar una jugada así. Una vez, yo le hice una huacha a un muchacho y lo único que hizo el entrenador fue parar el partido, fue hacia mi, me reprendió por la jugada que hice, me dijo que era innecesaria y que diera pase y reanudó el partido dejando en mi una incógnita sobre qué había hecho mal. Ello puede generar repercusiones a largo plazo porque terminas siendo como un robot que solo da pases o solo marca de cierta forma y la libre expresión pasa a un segundo plano.

                                                            Recordar Es Volver A Vivir

Pero no todo es malo en las academias. Si bien es cierto tiene sus limitaciones, las academias proporcionan la dosis de técnica que uno requiere para mejor su estilo de juego. En las academias se aprende cómo poner el pie para el pase, forma de cabecear, qué hacer frente a una jugada, qué no hacer. Definitivamente, desmerecer por completo a una academia sería caer en el error porque también existe gente muy capacitada que puede mejorar la calidad de un jugador y, gracias a estas academias, hoy en día tenemos a la mayoría de nuestros jugadores profesionales. Cantolao, Frama, Esther Grande de Bentin, entre otras, son academias que inculcan una filosofía de juego, un perfil de jugador dependiendo de la posición y ello ayuda en la formación del futbolista profesional a futuro.


También es válido decir que las academias hoy en día son más populares entre nosotros porque ya no existen lugares para jugar al fútbol como antes. Antes uno podía cerrar la calle con un par de piedras o ir al parque, designar un par de árboles como arco y listo, a jugar. Hoy en día las calles son intratables, nadie te respeta, así seas niño y en los parques ni qué decir. Las señoras, los señores, el serenzago, te ponen arbustos, rocas, bancas, loza, vírgenes, cartelitos con dictámenes, de todo para no jugar. El único lugar que queda es una cancha que por lo general es parte de un complejo que tiene actividades realizadas por una academia de fútbol. Ello te jala a entrar simplemente por el disfrute de jugar. Sabes que, al menos, en ese ambiente nadie te molestará por estar jugando al fútbol y eso es lo que uno quiere.


Para finalizar, solo mencionaré que está más que bien entrar a una academia, forma a uno como prospecto de jugador y enriquece su conocimiento técnico y táctico que en la calle uno no podrá aprender. Pero, como futbolero nostálgico, diré que siempre extrañaré la calle. Ese lugar que tantos buenos jugadores nos dio, ese lugar donde tanto tiempo pasé en mi infancia y ese lugar donde uno podía hacer lo que se le plazca en especial una cosa: jugar al fútbol.



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